sábado, 18 de febrero de 2017

EL SALTO.



A veces no es más que dar un salto.
Un salto tranquilo y desprendido.
Confiado ahora a sus propios abismos.
Nada importa el destino
y nada importan los años,
nada aquellos discos
y nada aquellos vinos.
Tengo secretos ridículos
que me resultan nostálgicos.
Son de los años que tú y yo nos amamos,
así tan despacio, así sin pararnos.
Ves, solo están los pasos, aquellos pasos
que dimos en infinitos caminos.
Cuando eran prohibidos recuerda,
yo agarraba tu mano.
Después como ahora  sólo queda gritarse,
engullirse y vomitarse. Y así una vez más,
y así hasta morir, morir siendo el alcohol,
el alcohol que de noche tus labios mojó
y en tus ojos brilló, dichoso y conforme.
Sí, ése que fue a tu risa, donde fue a morirse.
Asi, tranquilo, despacio. Desprendido.
Después, el salto.